Como cada domingo había comprado El comercio, sección Empleos, y me había puesto a revisar que ofertas interesantes había. Encontré “Profesional en Logística (5 plazas)”. Como en estos dos últimos años vengo trabajando en temas de logística, me cayó como anillo al dedo. Lo mejor, era solo enviar el Currículo Vitae a través de una página web en Internet. Así que rápidamente entré a la página que me indicaban y dejé mis datos.

 A los dos días recibí un correo electrónico que me citaba para el primer examen. “Examen Psicotécnico” decía. Yo como siempre tranquilo y sabiendo que venía de un “training” pues siempre me encontraba postulando no repasé ni una pizca de mis libritos de psicotécnico que aún guardaba y que solía utilizar cuando postulaba a la universidad. Así que tranquilito nomás solo me quedaba esperar.

Durante la tarde me llamó mi amiga Inesita “Aló Rata peluda”, “Que pasa” le respondí, “Tienes que enseñarme psicotécnico”, “Para que?”, “Me van a tomar para un trabajo”. Por esas casualidades de la vida, Inesita había postulado a la misma plaza que yo y también la habían llamado para rendir la primera prueba.Como solo faltaba un par de días para el examen y me encontraba con un montón de trabajo no pude quedar con Inesita a la salida en enseñarle pruebas psicotécnicas, motivo por el cual se molestó conmigo y no volvió a llamarme durante los dos días siguientes.

Llegó el día de la prueba y la encontré en la cola, que cada vez se hacía más inmensa, interminable. “Mal amigo” me dijo “yo si te guardo cola a pesar que no me has enseñado”, “pero no pude pues Inesita”, “ya, ya, ya, no me digas nada” me dijo cortándome, porque así es Inesita. Después de ese breve trance tácitamente volvimos a hacer las pases.

Entramos al auditorio, éramos como 400 o 500 postulantes lo que obligó a los que dirigían la convocatoria a sentarnos muy cerca. Yo había ido preparado de acuerdo a lo que habían pedido. Como siempre Inesita no había llevado lápiz ni borrador, así que la tendría molestando durante todo el examen.Reparten las hojas de evaluación y no había ningún cuadradito ni figuritas. Era más bien un examen de razonamiento matemático.Así no me quedó más remedio que apelar a todo mi conocimiento y a mi experiencia y no es que me bote pero he sido un tigre en Razonamiento Matemático durante mi época púber cuando me preparaba para postular a la universidad. Rápidamente emocionado empecé a desarrollar la prueba y a marcar en la hoja de respuesta que era tipo examen de admisión. Todos corríamos contra el tiempo. Pasado 20 minutos nos quitaron la hoja de preguntas y nos dejaron con la tarjeta de respuestas. Mientras iban recogiendo. “psst, psst”. Era Inesita que estaba a mi lado. Y me hizo señas para ver mi hoja de respuestas. Levanté ligeramente mi hoja y copió algunas respuestas y otras tantas corrigió.

Nos repartieron otra hoja de preguntas, esta vez de razonamiento verbal. Y otra vez, aunque no me crean, con esta falta de humildad, también fui un “distroyer” en RV. Así que mi única desventaja era luchar contra el tiempo. Mientras trataba de concentrarme en responder e hilvanar las analogías, sentía la mirada de Inesita sobre mi hoja. La miraba de reojo y ella queriendo estirar el cuello como el “Inspector Trukini”. No me dejaba concentrar. Levanté la mirada y ella volviéndome a hacer señas. Y no señas de súplica sino amenazadoras. “Espérate” le dije en señas y cuando recogieron la hoja de preguntas, levanté mis respuestas e Inesita una vez más iba respondiendo y corrigiendo. Por un momento me sentí Paco Yunque amenazado por Humberto Grieve.

Lo mismo pasó con el siguiente examen que era psicológico de personalidad. Esos exámenes que tienes que responder “nunca”, “a veces”, “siempre” o “completamente de acuerdo” “parcialmente de acuerdo” “ni de acuerdo ni en desacuerdo” “parcialmente en desacuerdo” y “totalmente en desacuerdo”. Esta vez a sabiendas de mi personalidad pacífica, conciliadora, de buen carácter, respondí con toda sinceridad. E Inesita otra vez que se le salían los ojos como Bob Esponja.

Al otro día, cerca de las 12 me llega un correo, indicándome que había pasado a la segunda etapa del proceso de convocatoria. Feliz le envío un mail a Inesita “Amiga, pasé a la segunda etapa, y tu?”. A los segundos entra su respuesta “Rata peluda, porque no avisas. Voy a revisar mi correo”. Después nuevamente “Jajajaja pasé también me han citado a las 3 de la tarde” y yo le respondí “A las 3?, a mi me han citado a las 11”. En efecto para el siguiente examen, que era de conocimientos habían dividido en dos grupos. A mi me tocaba a las 11 y a Inesita a las 3.

Llegó el citado día y al menos esta vez esperaba rendir mi examen tranquilo y sosegado. Tenía la esperanza de tener la claridad para poder concentrarme y responder acertadamente y poder dejar atrás mis S/. 1,200 nuevos soles e ingresar al nuevo “level” de los “ricos y famosos” con este nuevo puestito de trabajo. Sin embargo Inesita empezó a llamarme desde muy temprano, con decir que me sirvió de despertador el timbre de mi celular.

Llegó la hora y esta vez éramos menos. Nos repartieron la hoja de preguntas, en esta oportunidad de conocimientos sobre la Ley de Contrataciones y Adquisiciones del Estado. Algunas preguntas eran ambiguas. Así que totalmente concentrado empecé a responder una a una dejando las que no sabía para el final. Salí satisfecho de mi examen. Apenas encendí el celular entraron las llamadas de Inesita “Rata peluda, que tal?” “bien ahí”, “Hablas pues carajo, que te preguntaron”, “jajajaja espera pues, que llegue al trabajo”. En efecto llegué en 45 minutos y ya Inesita me había vuelto a llamar como 5 veces más y me estaba esperando en la puerta. “Habla amigo, que te preguntaron”, indagó emocionada y yo haciéndome el especial “ahí lo que hemos estado leyendo”, “Habla pues que te preguntaron”, “ahh de la Ley, sobre las Menores Cuantías y las ADS’s”, “Oye vas a hablar bien o de un cachetadón quieres que te haga hablar” “jajajajaja” yo reí y le empecé a decirle todas las preguntas que recordaba y que generalmente eran las que había tenido dudas. Inesita tomó nota. Ese mismo día en la tarde le tocaba dar examen. Para su suerte y tal como me contara en la noche había sido exactamente el mismo examen, pero a fin de cuentas no me precupaba, total eran cinco plazas.

Al día siguiente abro mi correo y veo que pasé el segundo examen. Bueno en realidad solo habíamos pasado 33. Dentro de los 33 estaba también Inesita. En el correo nos adjuntaron un rol de entrevistas, ordenados alfabéticamente y la hora de la cita. Por mi apellido me tocaba el viernes a las 11 de la mañana. A Inesita, esta vez, le tocó el jueves a las 3 de la tarde, un día antes.

Ese jueves en la noche la busqué. Salimos a comer al KFC y conversamos sobre la entrevista. Me dio algunos detalles de las preguntas y como era la mecánica en general.

Al otro día salí con todas las ganas de vencer, escuchando “tirá para arriba” de Miguel Mateos. Llegué como mandan las normas, 15 minutos antes de la cita. Esperé cerca de media hora. Entraban de dos en dos a la entrevista. Me tocó con un sujeto que se había pasado la media hora de espera contándome sobre su vida y preguntándome de manera invasiva sobre lo que yo venía haciendo, posiblemente para sacarme alguna información y ventaja en la entrevista. Y tal como lo sospechaba me tocó pasar la entrevista con él.

Entramos, 3 personas conformaban el jurado. Empezaron con mi rival primero. Una pregunta tras otra, mientras yo esperaba, esta vez impaciente. Cuando me tocó mi turno, sonó el teléfono de uno de los jurados que se paró a responder. Uno de ellos empezó con la ronda de preguntas, a la cual yo respondí de la manera más correcta. Luego la otra persona del jurado me hizo preguntas de tipo personal y yo respondiendo con mi sonrisa ganadora que me caracteriza. Y el tercer jurado, ese “jijona” que seguía hablando y no pudo ver mi despliegue en las respuestas.

Al final terminé un poco descontento, pues rápidamente el jurado dejó de entrevistarme. Yo esperaba más preguntas y re-preguntas. Quería tener la oportunidad de soltar mi rollo, mi perorata sobre la Ley de contrataciones y Adquisiciones que me había tomado desvelarme un par de noches. Así que salí descontento, triste, cabizbajo y meditabundo.Los resultados saldrían el día viernes, publicados únicamente en la puerta de la SUNAT.

Ese día se me hizo larguísimo. Inesita esperaba también impaciente. Llegó la hora y salimos disparados y tomamos el primer carro que nos llevaría por “Wilson” Durante el camino íbamos haciendo planes de trabajar juntos, empezar de cero. Si estábamos los dos nos podíamos apoyar el uno al otro. No es lo mismo empezar de cero en un lugar nuevo y no conocer a nadie que tener un amigo en quien apoyarte. Si bien está en tus mismas condiciones pero tener aunque sea con quien almorzar ese primer día de trabajo o con quien retirarte o simplemente con quien conversar era bastante.

Toda la conversación del trayecto se basó en nuestros planes, sobre cuanto ganaríamos. Que haríamos con ese dinero adicional. Pensamos en formar una empresa y hasta nos peleamos defendiendo nuestros puntos de vista sobre el giro de nuestra futura empresa. Nos compraríamos muchas cosas, cada quien por su lado por supuesto.

Llegamos y bajamos casi corriendo hasta la puerta de la SUNAT. Entramos y buscamos la lista de resultados de los puestos a los que postulábamos. La encontramos, primer puesto Ramírez, segundo Frías, tercero Martínez, cuarto Quispe y quinto Mendoza, Inés Mendoza. Maldita sea, revisé otra vez la lista con los nombres, quizás había leído mal y no había encontrado mi nombre. Repasé una y otra vez, hasta otras listas de otros puestos, por si se hayan equivocado pero nada. Había perdido e Inesita había ganado el concurso. Había entrado y yo, me quedé afuera.

Al otro día revisé en mi correo los puntajes de los finalistas. Inesita y yo teníamos el mismo puntaje en razonamiento matemático, igual puntaje en razonamiento verbal y lo peor de todo, hasta teníamos la misma personalidad.