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El Deportista

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Siempre entre los amigos hay uno que es el deportista, el sano, el que duerme temprano para despertarse igual y salir a correr. El que no toma cerveza, no fuma, no tiene mala noches y por lo tanto no “trampea”. En conclusión es una especie rara en este mundo de juergas y diversión.

Así es mi amigo Pedro. Hombre modelo de 39 años. Se despierta cada mañana tempranísimo, antes de venir al trabajo, a correr por el parque de su casa o por la costa verde, practicando resistencia, piques, subida y bajada de escaleras. Lleva una especie de cinturón bajo el pecho, él lo llama pulsómetro, con el que se mide el ritmo cardiaco y las calorías quemadas. Controla sus tiempos, sus récords por distancias. Tiene sus zapatillas Nike Shox Series 2007 con amortiguadores especiales para correr, parecen traídas de la NASA. Pertenece a Perú Runners y participa por “amor al deporte” en cuanta competencia haya a nivel nacional y mundial.

Así es Pedrito, buenísima gente, queridísimo en el trabajo. Simpatiquísimo. No conozco persona a que le “caiga mal”.

En el otro lado estamos el resto, la mayoría diría yo, los que de deportistas sólo tenemos el “pie de atleta”, los que a las justas llevamos un reloj y los únicos records que recordamos son los de cuantas cajas de cerveza nos tomamos o cuantos días “de boleto” resistimos en alguna juerga. Y otros más avezados aún recuerdan su récord de que tanta distancia alcanzaban sus “disparos eyaculatorios” en su etapa de adolescencia.

El hecho es que Pedrito en su afán y pasión por el deporte y las carreras de resistencia, empezó a convencer a todos los del grupo a practicar este deporte. Como todos ya pasamos los 30, su invitación y su insistencia coincidió con esta etapa de nuestra vida en la que empezamos a preocuparnos por nuestro cuerpo y salud. Nuestras carnes ya no son las mismas, empiezan a perder la firmeza que tenía hace unos pocos años. Por si fuera poco los médicos empiezan a recomendarnos a practicar algún deporte al aire libre. Así que por esa coyuntura nuestro amigo Pedrito nos convenció para salir a correr en las mañanas de los sábados.

Yo particularmente soy flojo para despertarme temprano. Al menos los fines de semana me la paso durmiendo casi todo el día. Duermo tanto que termina doliéndome la cabeza. Casi no salgo de la cama. Si bien me gusta jugarme de vez en cuando algún partidito de básquet o “fulbito” prefiero hacerlo al mediodía y no a las 5 de la mañana. Porque a esa hora empezó a citar Pedro a todos para salir a correr a la Costa Verde.

Así nos convenció para correr a Inesita, a Laurita y a mi. Así en diminutivo porque así somos los Peruanos a todos los llamamos con cariño. Bueno, todos base 3  tratando de enmendar de alguna manera una vida disipada, sedentaria porque no decir chelera y juerguera. Tratando de botar un poco de alcohol, tabaco y stress en general.

La idea era entrenar unas 4 semanas de modo tal que nuestra primera prueba de fuego era los 5 kilómetros en una conocida playa del sur de Lima, auspiciado por Pilsen y Nike.De las 4 semanas, solo pude despertarme un domingo, en el resto tiré la toalla y el despertador también, desistí, me venció la flojera y simplemente no asistí a los entrenamientos. Inesita, por el contrario a esas alturas de su vida en un acto heroico diría yo, asistió de manera infalible a todos los entrenamientos y por esas cuatro semanas, aunque nadie lo crea, se alejó de las juergas y el alcohol. Al menos es lo que nos ha hecho creer. Por otro lado Laurita asistió un par de semanas y las otras dos desistió.

Bajo esas circunstancias, decidí no participar en la competencia, porque simplemente no quería quedar mal parado, no quería ser el hazmerreír de la competencia. Y peor aún, no quería empezar con el grupo de hombres y terminar la carrera con el grupo de mujeres o de los discapacitados. Pero Inesita, mi queridísima amiga se encargó de convencerme. “no seas huevis, sobrado llegas, si has corrido bien en el entrenamiento”. Yo me negué, me resistí. Apelé a mis mejores argumentos, pero Inesita se encargó de sacarme algunos cálculos de resistencia y terminó por convencerme en inscribirme en la carrera.

La carrera estaba pactada para un domingo así que todos teníamos que dormir tranquilitos el sábado en casa. Últimamente nadie me llama pero ese día, justo ese día, me llamó un amigo de la infancia para salir , juerguear y tomar unas chelas. Por su puesto que me negué. Mi palabra era Ley y no podía faltar a mi promesa de participar en la carrera, en mi prueba de fuego y demostrar que puedo cambiar “SI SE PUEDE” me dije.

Pero como la tentación es grande sólo acepté salir a tomar un par, juro que un par de cervezas nada más y sólo hasta las 11 de la noche. Bueno, las dos cervezas se volvieron 6 y las 11 se transformó en la una de la mañana. Estaba tan entretenido conversando que se pasó la hora. Me despedí rapidísimo y salí disparado a mi casa a descansar.

Al otro día desperté tempranísimo y mi queridísima esposa me esperaba con mi desayunito calientito. Mi avena 3 ositos con maca y yacón para que pueda rendir y mis don pancitos con tortilla y cachanga. Tomé mi desayuno a la ligera y salí raudo al punto de reunión para dirigirnos todos a la competencia. En mi MP3 previamente me había grabado esas canciones infaltables para los deportistas “Eye of the Tiger” de Survivor y “Gonna fly Now”, que si no la recuerdan es la canción de Rocky.

Así con la moral al tope. Las 6 chelitas de ayer parecían no haberme afectado en nada. Estaba mejor que nunca. Estaba “power”. Dispuesto a todo. Hoy tenía que hacer un buen papel.Así todos los corredores nos dispusimos en la línea de partida y yo concentrado, aunque debo confesar que no del tanto pues habían algunas “corredoras” que podrían hacer distraer hasta el más aplicado deportista. Pedrito era el único concentrado, hacía su calentamiento previo.

Se dio la partida y salimos juntos. Yo salí con la firme promesa de hace un buen papel. Al menos ninguna fémina me podría vencer. Eso no es dable para un macho reconocido. Así que empezamos a un trote lento. Inesita iba concentrada y yo sólo la miraba y me mantenía cerca, pero ella no sabía mi plan macabro de que al faltar un kilómetro aceleraría el paso y la dejaría lejos. Lejísimos diría yo. La dejaría sin ningún remordimiento dispuesto a quedar en un puesto meritorio.

Mientras iba dándole forma a mi plan malévolo iba chequeando a las corredoras “nice” que iban adelante. Licras pegaditas daban forma a una figura esculpida por el ejercicio. Mis ojos se iban de un lado para otro de rostro en rostro (Bueno! Es un decir “rostro”).Bordeando los 2 kilómetro sentí el cansancio. Las Chelas que me tomé el día anterior recién empezaron a hacerse sentir. Pero yo me daba ánimos. Le di dos puntos más al volumen de mi MP3. Y empecé a acelerar el paso a fin de no despegarme de uno de los grupos de corredores.Y otra vez los estragos y el cansancio. Ahora el estómago. El sol. El sudor. Dios!, ya no aguanto y yo que estaba prácticamente en el medio de un gran grupo de corredores y ya no aguantaba y “zuácate” empecé  expulsar mi avena tres ositos por la boca. Luego la cachanga que ya había perdido su forma. Todos los corredores dieron un salto y se alejaron. Las chicas bonitas, nice, pipirinais salían disparadas gritando como si fuera el mismísimo demonio. Como si nunca hubieran “buitreado” carajo. Y yo que no me detenía. Y otra vez venían las arcadas. Ahora era la chela de ayer. Al menos eso creo. Los “tor tees”, la canchita, el piqueo y yo que no aguantaba más. No se de donde me salió tanto líquido y espuma. Me tuve que salir a un lado. Todos me pasaban, hombres, mujeres, niños, discapacitados. Resignado abandoné la carrera con la vergüenza en la cara de haber sido derrotado por todos. De no haber cumplido con la meta establecida. De haber sido vilmente derrotado por Inesita. Llegué a la meta gracias a un alma caritativa que me dio un poco de agua y me llevó en su movilidad hasta el punto de reunión. Ahí me esperaba el gran Pedro e Inesita, que me miraba con su risa burlona y con un vaso de chela en la mano.

La TeoríA Del Remember

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Conversaba con un viejo amigo que me decía: “Una vez que te haces socio de un club, eres socio para toda la vida” en clara alusión a que si una vez tuviste amoríos con una chica, puedes de vez en cuando recordar esos viejos momentos. Y en efecto, mi querido amigo Carlos Alberto, más conocido como Carlitos, era un galán de aquellos, reconocido dentro de una no muy modesta extensión geográfica. Era de aquellos que armaba las fiestas. El que siempre llamaba por teléfono cada fin de semana y decía “que haces huevón, vente al toque que estoy con dos flacas”. Yo reconozco que soy muy flojo para salir, no me gustan las fiestas y por si fuera poco soy terriblemente malo bailando.

El “Carlitos” sostenía la “Teoría del Remember” y al parecer tenía un asidero real. De vez en cuando, de tiempo en tiempo se las arreglaba para hacer una llamadita a alguna ex enamorada, ex amiga o “ex agarre”, “ex aguirre” para salir, tomar unos trago y después conseguir el objetivo final, que por más crudo que suene tengo que decirlo, terminaba con ellas en la cama. Aunque no siempre les ligaba, pero tenía una efectividad increíble. Yo diría en términos estadísticos que tendría un nivel de confianza del 95.5%, suficientes como para comprobar la “Teoría del Remember”.

Adicional a ello, no importaba si esta “ex” estuviera ya saliendo con alguien o tuviera algún compromiso formal. El se las arreglaba para convencerlas a salir y luego ya todo estaba en su cancha. Dentro de mi formación moral y humana he aprendido a respetar propiedades ajenas, sólo una vez pasé a interpretar el rol de amante, que contaré en el siguiente post, y desde esa fecha prometí respetar lo ajeno y cumplir el décimo mandamiento “no desearás los bienes ajenos”. En cambio Carlitos argumentaba “Oye hermano, para jugar fulbito no necesitas que la cancha esté nueva”.

Yo por mi parte, siempre que he terminado con alguna enamorada ha sido para siempre. He terminado mal. Por ser un “sentimentalón”, las rupturas me afectaban terriblemente. Por eso, para mi si una relación acaba, acaba del todo. De raíz. Un solo dolor de frente. No existe que “somos amigos”. Eso no tiene cabida en mi mente y en mi pobre corazoncito. El quedar como amigos sólo hace que se alimente por alguna de las partes, la posibilidad de volver. Se incremente y se guarden ilusiones de poder recomponer algo que ya está perdido. Y como en toda relación siempre hay alguien que gana y alguien que pierde, esa situación genera que la bien llamada “Teoría del Remember” tenga un asidero real.

Por eso, cada una de las pocas relaciones amorosas que tuve, preferí matarlas de raíz. De arrasarlas y arrancarlas completamente de mi vida. Nada de “ahora somos amigos”. Esa es la mentira más grande. Siempre habrá alguien que se aproveche de la otra parte, como mi amigo Carlitos. Siempre que puede aplica su “Teoría del Remember”, para variar el menú, para salir de la rutina, a pesar que tiene enamorada oficial con consentimiento familiar y todas las generales de Ley. Pero como él dice “Así es loquito, yo no engaño a nadie, eso hace bien a la relación”. O como mi amiga Sarita quien al terminar con su enamorado quedaron como amigos y como él mantenía la esperanza de volver con ella, Sarita solía utilizarlo, consciente o inconscientemente para que le haga sus mandados. Le lleve sus Currículums Vitae a diversas empresas. La transporte en carro a hacer sus compras. La invite de vez en cuando a alguna cebichería lujosa o la acompañe a alguna fiesta cuando no quería ir sola o quería sacar celos a alguno de sus nuevos pretendientes. Todo a cambio de un consciente o inconsciente “Remember”, cada vez más espaciado en el tiempo.

Por eso preferí un solo dolor y adiós para siempre. No hay lugar para amistades con intereses subalternos. Y peor aún sabiendo que suelo ser medio “candelejón” para las relaciones amorosas, evitaba cualquier contacto a fin de no hacer el papelón del “sufrido”, del “mandado”, “del arrastrado”, “del caracol”. Yo soy el de los que terminan cantando el “El triste” de José José. No puedo terminar cantando como el gran Carlitos “Soy soltero y soy sabroso” de los Hermanos Rosario.

Todo esto viene a que hace unos días recibí la llamada de Adelita, una “ex”. Con ella tuve una relación de dos años y algo más. La ruptura me dolió mucho. Después de casi seis meses de separación total. De no responder e-mails, mensajes de textos, mensajes del hi5, me llamó al trabajo. Después de hablar unos minutos me propuso vernos “como amigos” para conversar, para saber de nosotros. Yo la verdad lo dudé mucho. No quería exponerme a reavivar sentimientos que ya daba por muertos. Le comenté a mi amigo Carlos sobre el tema y me dijo “Ya pues huevón que esperas... adelante nomás un chocoflox y listo, recuerda que órgano que no se usa se atrofia”. Más tarde otra vez me insistió “Que fue gil, al toque nomás, en primera, sino el gusto se te va a pasar para atrás”. Al final, después de una concienzuda reflexión y ante los ánimos que me daba Carlitos, decidí llamarla y concretar la salida y de comprobar de una vez por todas “La Teoría del Remember”.

Ella quedó en pasar por mi trabajo, el viernes, a mi hora de salida. Llegó el citado día. Ella apareció igual de preciosa, lindísima, oliendo riquísimo, recién bañadita. En cambio yo, me aparecí todo “flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones”. Así, volvimos a hacer otra vez el mismo recorrido que hicimos por esos dos años y algo más. Comimos helados en la misma heladería, caminamos por el Mega Plaza, cruzamos el puente peatonal y llegamos al boulevard. “un par de chelitas?”, le pregunté, “ya bacán” respondió. Entramos al mismo pub, segundo piso, mueble del fondo. Hablamos de todo. Pedimos dos más. Después de regresar del baño apliqué el viejo truco de sentarme en su mismo mueble. Seguíamos conversando. Le daba algunas caricias en el brazo, un par de pellizconcitos coquetos. Una sobadita a la pierna y listo. A los minutos estábamos nuevamente “agarrando”. Una chelita más para redondear la noche y a cantar “A gozar sabroso”. Poco a poco los besos fueron más intensos y me animé a toquetear más allá de lo debido. Cuando ya todo estaba listo. Pedí la cuenta. Un taxi y directo al mismo hotel de siempre, ese que está por la “cuarenta” de universitaria.

Lo demás no tengo que contarlo. Revivimos viejos momentos. La pasé de lo mejor. Podría simplificar todo con esa frasecita de Arjona “Si basta con resumir que le besé hasta la sombra”. Hasta ahí todo bien.

Después de terminar nos quedamos echados en la cama, frente a frente, mirándonos, besándonos. Le dije “Adelita la he pasado muy bien contigo. Eres genial. Tu sabes que te quiero... porque no pensamos mejor las cosas...”. no me dejó terminar “No empieces otra vez” me dijo. “Me voy a la ducha” se paró y se fue al baño. Me quedé pensando. “Eso te pasa por ser un sentimental de mierda” me dije.

El día lunes al llegar al trabajo me encontré con Carlitos. “Y brother, como te fue el viernes” me preguntó. “Bien” le respondí. “cuenta pues, la hiciste o no?”. “Si, brócoli, la hice bien” respondí con ese tono de “experimentado”, de “pendejerete”. “Ya viste huevón”, me dijo, “así nomás es la cosa, acá a un mes la vuelves a llamar y listo otro remember”.

Ahora más tranquilo, reflexionando con la serenidad que me da la soledad, he decidido volverme un fiel creyente de la “Teoría del Remember”. Que piensan ustedes?.

Algunas Notas Sobre Mi NiñEz

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Este fin de semana largo, tuve tiempo para dormir más, descansar más, comer más y por su puesto estar más tiempo con mi hija. Vimos televisión juntos, jugamos en la computadora, en internet, cantamos, dibujamos e hicimos concursos. Volví a ser un niño otra vez, pero un niño distinto, porque cuando realmente lo fui no existía nada de lo que hay ahora. Sin “querer queriendo” empecé a hacer mentalmente una comparación y mi conclusión fue: “Que tanto ha cambiado la vida!!!”Por eso ahora sólo quiero detallar algunas notas sobre mi niñez:

Del Televisor

Yo nací en Pisco. De niño veía junto a mis hermanos televisión en un General Electric 24 pulgadas, de tubos, con mueble, de propiedad de mi abuela. Esos tubos jalaban más luz que tener la plancha, la terma y una cocina eléctrica 4 hornillas con horno prendidas a la vez.El televisor era blanco y negro. Cuando lo prendías, primero aparecía la voz y después de treinta segundos aparecía la imagen. Solo se veían 2 canales el 4 (América Televisión) y el 5 (Panamericana Televisión).Para que se vea bien la imagen, se instalaba una antena en el techo de la casa. Cuando, por esas cuestiones del tiempo no se veía la televisión, uno de nosotros tenía que subir a “mover la antena” mientras el otro iba dirigiendo y avisando mediante gritos a voz en cuello cuando ya mejoraba la señal. Cada vez que iban a transmitir algo importante, como el mundial de fútbol, con mi papá subíamos al techo a limpiar la antena. La bajábamos y limpiábamos con una lija cada varilla y reemplazábamos las rotas. Si mirábamos las demás casas, muchos vecinos hacían lo mismo.El televisor era intocable, según las normas de mi papá. Una vez que se prendía, se sintonizaba un canal y de ahí no se movía. Nos teníamos que “tragar” todos los comerciales.Cuando se apagaba, la imagen poco a poco se iba haciendo chiquita hasta quedar un punto de luz blanca en el centro. Este punto permanecía por unos 15 ó 20 segundos hasta que desaparecía.

De los útiles de aseo

Mi papá compraba “shampoo” por galonera. Cuando venía a Lima aprovechaba en comprar y se traía 3 ó 4 galones de diferentes colores, blanco, rosado, amarillo y celeste. Cada uno venía con su etiqueta “al huevo”, “hierbas naturales” “para cabello seco”, “algas marinas”. No quiero que suene a reclamo, pero a estas alturas de mi vida, debo agradecer a la divina providencia que aún tengo cabello.El jabón se usaba hasta el final. Teníamos que pedir autorización para sacar un jabón nuevo. Mi mamá o papá miraban el jabón usado y después de una evaluación ocular determinaban si ya era tiempo de sacar uno nuevo, sino, a seguir bañándose con ese adminículo utensilio. Si daba el visto bueno. Se tenía que adherir ese resto de jabón que quedaba al nuevo.El papel higiénico era de colores, celeste, amarillo, rosado intenso, verde. Muy rara vez blanco. Siempre nuestros calzoncillos extrañamente terminaban pintados de esos colores.

Del Colegio

Yo estudié en un colegio nacional primaria y secundaria. Secundaria fue lo peor. Colegio Nacional de Varones. Cada recreo teníamos que salir con nuestros cuadernos y libros y cuidarlos como nuestro más preciado tesoro pues se lo robaban. Sobretodo a fin de año se perdían los cuadernos. Los libros ni hablar. Ni llevarlos. El que quería aprendía. El que quería pasar de año estudiaba o pagaba. Todo tenía precio. Cuando había revisión de cuaderno los que estaban al día lo presentaban, lo revisaban, luego se lo pasaba a otro. Arrancaban la última hoja. Copiaban las últimas líneas y listo, a pasar revisión. Con un cuaderno pasaban 5 ó 6 alumnos.Por último cuando la mayoría estaba jalado le enviaban un anónimo con amenaza de muerte al profesor.Los trabajos monográficos (Así se llamaban) los hacía a máquina de escribir. No había lugar al error. Cada mala digitación se tenía que corregir con el “radex”, esos papelitos blancos, pero había que darles en el sitio correcto. Y después de eso otra vez cuadrar la máquina en la línea, sino te salían las letras más arriba.

De algunos productos comestibles

De niño casi nunca tomábamos gaseosa. Las veces que lo hacíamos era cuando llegaba visita. Y no porque mi papá comprara sino porque la visita invitaba. Tomar un vaso de gaseosa era lo máximo. Era riquísimo. Lo tomaba despacito saboreaba cada sorbo. Hacía largo un vasito. Es que en ese tiempo tampoco había tantas gaseosas como las hay ahora.Después salieron las salchipapas. Mi papá nos decía “quieren salchipapas?” compraba las papas el hot dog y mi mamá las preparaba. Casi nunca compraba en la calle. Una vez por esos milagros de la vida nos compró una, saliendo de misa a mi hermano y a mi. Era lo máximo. Estaba tan emocionado, tan feliz y tan concentrado comiendo mi salchipapa que no me di cuenta, me choqué con un poste y se me cayeron todas las papas. Para mi mala suerte un perro se me adelantó, las hociqueó y ya no pude recogerlas (porque sí lo hubiera hecho a esas alturas de mi vida!)

De los juegos y juguetes

Nuestros juegos preferidos era Mata-gente, Kiwi, Los Siete Pecados, Las Escondidas, Bata y Lingo. De los juegos electrónicos sólo conocí “El Atari”, que por su puesto, era de mis primos. Recuerdo un juego llamado “Soccer” donde los jugadores eran unas líneas verticales y todos se movían a la vez. La pelota era cuadrada. Los arcos eran dos espacios sin línea a cada extremo.Luego salieron los patines y la moda del “Roller Bugui”. Los patines eran de cuatro ruedas y mientras ibas avanzando se te iban abriendo las piernas. Una vez más, los patines eran de mis primos.

De las fiestas

Tuve la suerte que mi abuela viviera conmigo o mejor dicho tuve la suerte de vivir con ella, en su casa. Sus cumpleaños se celebraban allí. Llegaban todos mis tíos y primos de Pisco y de Lima. La fiesta se armaba con una radiola de lujo que tocaba sin parar los discos 45 y los Long Plays. Si tengo que hablar de canciones infaltables son: La Parranda de Rully Rendo, que era un Long Play que en la portada aparecía el trasero de una chica con arena en la pierna. El Pipiripi, La rueda, Tabaco y Ron, Caballo Viejo, Me llaman Avispa y otros más (las disculpas del caso si obvio algunos memorables).Cuando llegaba las doce todos los nietos teníamos que desfilar, uno por uno para bailar con la abuela. Nadie nunca quiso bailar. Nos escondíamos, excepto dos primos que llegaban de Lima (si estás leyendo ya sabes que eras tú).Después ya nos modernizamos y mi padre compró el ansiado “equipo de sonido” con tornamesa por su puesto para seguir haciendo sonar sus discos antiguos.

De la comida

Mi madre criaba patos, pollos, pavos y conejos, por lo que pasó a ser mi dieta principal. Comí como rey. Mi madre jamás nos daba una presa distinta que no sea pecho o pierna. Y si no eran aves de corral era pescado. Siempre había y bastante.Cuando alguna verdura se abarataba mi padre era el primero en enterarse y comprar en cantidades industriales, a tal punto de hartarnos por comer tan seguido. Por esta razón hoy odio la calabaza.

Del corte de cabello

Una semana antes de empezar el colegio mi padres nos llevaba a mi hermano y a mi al mismo peluquero que nos venía cortando desde que tengo memoria. Nos sentaban en un sillón especial, con respaldar rojo y que tenía una especie de timón de barco abajo. “Alemán!!!” decía mi viejo. El peluquero arrancaba cortándonos con unas máquinas plateadas parecidas a un cangrejo y sonaba “chiki chiki chiki” cada vez que avanzaba por nuestra melena. Al final sacaba una navaja que afilaba en una correa de cuero que colgaba de uno de sus estantes y nos daba los últimos retoques. El resultado, mi hermano y yo bien pelados listos para ir al colegio. Por su puesto que esta situación cambió cuando llegamos a la etapa de la adolescencia. Nos rebelamos y nos opusimos a que nos sigan pelando como soldado nazi de la segunda guerra mundial. 

Bueno, eso fue sólo unas breves notas sobre mi niñez, a propósito de ver a mi hija feliz, tan independiente y explosiva, con autoridad, como reina y princesa, como dueña del mundo, con todo el derecho a exigirme y cuestionarme. Bueno, después, también de haberme ganado “algunas” (por no decir todas) las partidas de los juegos que existen en internet.

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