Había salido un par de veces con Miluska al culminar las clases de Inglés. Una vez nos habíamos quedado en la cafetería del instituto tomando un café y un sándwich y nos habíamos reído como nunca. La química estaba funcionando muy bien. La segunda vez me dijo para ir al cine. Hay una película de terror buenísima me dijo. Y aunque no me gustan para nada las películas de terror accedí a ir sólo para complacerla y para estar más tiempo con ella. Al terminar ella salió feliz comentando todos los chorros de sangre y las tripas que habían salido volando y yo conteniéndome las ganas de decirle que después de ver esa película nunca más iba a comer Ketchup y que me había quitado todas las ganas de comer mi canchita extra grande.

Todo iba bien, hasta el sábado siguiente que el instituto había organizado una fiesta para todos los alumnos. La llamé el día anterior, como siempre como quien no quiere la cosa, preguntándole si iba ir. Claro! Me dijo entusiasmada. Ahí nos vemos, agregó y yo, esperando ansioso el sábado. Me puse mi mejor camisa, mi perfume con feromonas y con los secretos de las Huaringas y salí disparado a la fiesta. Cuando llegué. Saludé a algunos amigos y la busqué con la mirada. Allí estaba Miluskita, conversando con un tipo. Me acerqué, le toqué el hombro. Hooolaaaa! Me dijo entusiasmada. Como estás le dije. Te presento a mi enamorado! Me dijo ella y yo zuácate con la quijada en el piso como el coyote cuando el correcaminos pasaba a su lado a cien por hora. Hola que gusto, dije titubeando y después de un par de palabras más como haciéndome el loco, como que alguien me llamara, me fui desviando hacia otro lado.

Así que resignado a mi suerte no me quedó que conversar por ahí con uno u otro y aplicarme grandes dosis de cerveza, que gracias a Dios, eran gratis.

Pero después, nunca faltan los amigos pileros, los que quieren ver a bailar a todo el mundo. Jacky quien se había atribuido funciones de organizadora, de promotora de la hora loca, nos juntó a todos los del salón y nos hacía bailar y me jalaba como si me hiciera un favor metiéndome a la ronda. Y todos bailaban felices y yo estaba sólo como un apestado, un lumpen haciendo relucir mi sonrisa como si nada pasara. Luego apagaron la música, nos sentaron todos en una mesa para degustar la comida y para coronar mi mala suerte me sentaron al lado de Miluska. Así que a un lado estaba el sujeto ese que me había atrasado y al otro lado estaba yo. Miluskita se repartía para hablar con él y de vez en cuando conmigo. Así que estaba haciendo el papel del idiota, del desadaptado social, así que sacando moral, posiblemente del alcohol que corría por mis venas, me la quise pintar de que no era un fracasado en las lides del amor. Al contrario que era un experto, que tenía cientos de chicas que se turnaban para salir conmigo y me desparramé en la silla y me conté un par de chistecitos en la mesa mientras llegaban los platos de la cena.

Todos se rieron y levanté más la moral. Ya era cerca de la una de la mañana y no se me ocurrió mejor idea que si recibía la llamada de alguna fémina a esa hora coronaría mi actuación de galán asediado. Así que caleta nomás saqué mi celular del bolsillo y busqué el nombre de Sarita. Ella no me fallaría y más que seguro a esa hora estaría también disfrutando de alguna juerga por ahí. Timbré unas 5 veces y colgué. Después de un minuto empezó a sonar mi celular. Esperé que la melodía llamara la atención de Miluskita y de las otras compañeras y lo saqué del bolsillo, miré la pantalla y dije “Sara”, sonreí y respondí. Aló, le dije. Al otro lado de la línea. Me llamaste?. Hola que tal que es de tu vida, que milagro, respondí. Oe me has despertado, me dijo Sarita, para eso me llamas. Y yo respondiendo cualquier cosa. Yo aquí en una fiesta del instituto le dije mientras me echaba en la silla y jugaba con el tenedor. Carajo me dijo Sarita, para eso me llamas y me colgó. Lógicamente nadie escuchaba lo que decía Sarita así que yo seguí floreando para que me escuchen. No, hoy no puedo, te digo que estoy en una fiesta del instituto. Dejaba un silencio y luego nuevamente. Ya ok, si me animo yo te llamo, dije en voz alta nuevamente. Un Chau chau y colgué. Sonreí nuevamente haciendo no con la cabeza y me uní a la conversación otra vez.

Así que era hora de aplicar nuevamente lo mismo, esta vez, con Claudita. Ella fijo, que en estos momentos también estaría en alguna fiesta de una amiga. Así que nuevamente caleta bajé el celular, busqué Claudia y le di “send” esperé que timbrara unas cuantas veces y cuando iba a cortar para que luego ella me devuelva la llamada, me doy cuenta que no decía “Claudia”, sino “Claudio Vera”. Claudio Vera era mi jefe inmediato, un ingeniero geólogo con el que me habían asignado a trabajar y a quien yo reportaba a diario sobre mis labores cuando salía de viaje a provincia.

Era la una de la mañana y apreté como diez veces el botón rojo para colgar la llamada. Rogué que no hubiera escuchado el celular y traté de tranquilizarme. A los 2 minutos, suena mi celular. Todos los de la mesa nuevamente voltearon a mirarme. Y yo, como estaba con el alcohol en vez de no responder, cortar y al otro día inventarme cualquier excusa no se me ocurrió mejor idea que responder la llamada. “aló” digo. “Me llamaste” me dijo el ingeniero. Y yo con mi voz de niño vendedor de caramelos, “Si, ingeniero, para decirle que ya le envié el informe a su correo. Llegué ayer ingeniero, levanté la información y todo correcto ingeniero, sin ninguna novedad”. “Ya ok” me dijo “hablamos en la oficina” y me colgó. Nunca en mi vida me había reportado a la una de la mañana y encima ebrio y con risas en el fondo.

Después de eso me apagué por completo y toda mi actuación de galán asediado se fue al tacho.

- Que pasó Eduardito – me dijo Miluskita – quien te llamó que te cambió la cara-

- jejejeje sonreí- y titubeé sin saber que decir.

- ya sé- me dijo – seguro que tu ex –

Me sentí como un moribundo a quien le ponen respiración artificial.

- Que comes que adivinas- alcancé a decir

- Ay hombres- dijo ella y siguió hablando con su enamorado.

Hasta el hambre se me quitó, me quedé un rato más, apenas revolví la comida y me retiré derrotado. Menos mal que el lunes tenía que viajar nuevamente y no tendría que verle la cara del ingeniero por lo menos una semana más.