Cuando Janecita tiene que salir y nos deja a mi hija Lucía y a mi solos, aprovechamos el tiempo para hacer cosas juntos, como jugar, cantar, mirar televisión, comer bastante pop corn con harta sal y gaseosa, sin que nadie nos diga nada. Pasamos el tiempo tirados por la casa sin hacer nada y sin ningún sentimiento de culpa por eso.
Y si hay algo que nos gusta mucho hacer a los dos juntos es cantar. No somos ningún prodigio del canto, dignos de “Britains got Talent” o del “American Idol”, pero nos gusta hacerlo, desafinados, cambiando la letra o intentando estar en el tono de la canción.
Ese sábado que se fue Janecita a sus clases, todo el día, con Lucía, miramos televisión, tirados en el piso comiendo canchita pop corn con gaseosa. Luego nos cansamos y empezamos con el karaoke en la computadora. Lucía, pequeñísima y dulce ella, me daba un premio por cada canción que ella consideraba yo había interpretado de la mejor manera. Así gracias a mi gran interpretación de “Laura No está” de Nek me hice acreedor de una carita feliz que Lucía estampó con mucho cariño en mi frente. Los siguientes premios fueron un caramelo, un beso y un lapicero que prendía luces. Mientras tanto los regalos que ella exigía por cada canción bien interpretada era una muñeca “My Scene”, “un tablero gigante de pintura” o “un Nintendo wii” a los que yo simplemente prometía cumplir el día que sea Gerente de la empresa donde trabajo.
El hecho es que entre canto y canto, la hora se nos fue volando y nuestras barrigas empezaron a sonar de hambre. No había nada preparado para la cena. Me acerqué a la cocina, revisé el refrigerador y no encontré nada provechoso como para preparar algo rápido y salir del paso. Así que, no me quedó más remedio que salir a comprar mi comida.
Dejé con muchas recomendaciones a Lucía en casa y salí rapidísimo a la pollería más cercana. Salí prácticamente con lo que estaba vistiendo, un short, sandalias y un polo viejo con el estampado ya casi irreconocible. Llegué a la pollería, me acerqué a la caja a cancelar y sacar mi ticket. Una señorita guapa atendía en la caja registradora, levanta la mirada y me queda mirando fijamente mientras esboza una sonrisa, casi pícara, cómplice. Yo miré atrás, era el único en la caja. Me puse nervioso y también le sonreí. Mientras me preguntaba cual era el pedido, no dejaba de mirarme y sonreirme. Y yo, cada vez más nervioso, también sonreía.
- Dos cuartos de pollo- apenas tartamudeo
- Son veinticuatro soles- me dijo
Y yo, nerviosazo, saco el dinero del bolsillo, unas monedas rodaron por el suelo, las recojo rápidamente. Y es que me pongo así cuando inesperadamente una chica guapa me sonríe. Me vuelvo torpe, no coordino mis movimientos. Mi mente piensa una cosa y mi cuerpo hace otra. Casi transpirando le entrego un billete de veinte soles y cuatro monedas de un sol.
Ella me extiende el ticket y nuevamente me clava la mirada con esa sonrisita matadora. Apenas balbuceo gracias con mi sonrisa tímida. Entrego el ticket al de la barra quien me mira un poco desconfiado. Apenas me recibe el ticket, levanta una ceja y hace un gesto de negación. Y yo pienso, “Este tarado se ha ganado que la chica de la caja y yo hemos hecho clic y posiblemente se ha puesto celoso”. “Claro!” me digo, “No faltaba más”. “Este sujeto de la barra le ha echado el ojo a la chica de la caja”. Me siento en una mesa a esperar que me llamen. Miro ligeramente al lado y nuevamente me topo con la chica de la caja que cuchichea con una mesera mientras me miran y sonríen. Y yo, más nervioso aún, sin saber que hacer. Definitivamente los dotes de galán me fueron negados.
Trato de distraerme en otras cosas. Miro mi ropa y anoto en una servilleta. “Polo blanco, short verde militar y sandalias”. Trato de encontrar una explicación. Posiblemente mi pobre polo usado, casero, concentra las feromonas que tan buenos resultados me está dando esta noche.
El de la barra me llama y me entrega en una bolsa mis dos cuartos de pollo a la brasa. No demoró casi nada, “claro, me quiere despachar rápido”, salgo por el lado de la caja “Gracias” le digo a la señorita y ella responde con esa dulce voz “gracias a ti” y nuevamente la sonrisita pícara.
Al salir a la calle, el viento me hizo volver a mi realidad. Por un momento había olvidado todo, Crucé casi corriendo la pista y abordé una combi, con la chica de la caja en la cabeza.
Como son las últimas cuadras de recorrido de esta línea de transporte, la combi va casi vacía, me siento pegado a la ventana. Una fémina guapísima, que está sentada frente a mi, me mira y me sonríe y yo, nuevamente, nervioso, miro atrás y no hay más que una viejecita con unas bolsas de víveres y yo “uy y esa sonrisita para quien fue” pensé. “Debo estar alucinando” cavilé nuevamente. “Me debo haber equivocado”, “una pasa pero dos en la misma noche ya no me la creo”. Mientras hago la “finta” que miro las calles, me topo con su mirada y nuevamente la sonrisita matadora. “Que pasó hoy”, me pregunto. “Estoy arrasador”. “Deben ser mis feromonas”. Los astros, la luna, Júpiter y no se que más disposiciones astrológicas esta noche están jugando a mi favor.
La chica de la combi se baja no sin antes de darme la última mirada con su respectiva sonrisita y yo que también le regalo una leve sonrisa. Me bajo en la próxima esquina y el cobrador me mira y hace una mueca de desagrado. Y yo que pienso “Ya envidioso, bajo en la próxima esquina, el que puede puede, y el que no que mire y aprenda”.
Bajo rapidísimo de la combi y subo corriendo al segundo piso con mi ego al tope. Abro la puerta del departamento, Lucía me esperaba hambrienta.
- Papito tanto te has demorado-
Me recibe la bolsa, y de inmediato empieza a comer las papas.
- A lavarse las manos- le ordeno como todo buen padre cuidando la salud de sus hijos.
Mientras nos lavábamos las manos con abundante agua y jabón levanto la mirada y me topo con el espejo del baño y noto un sticker grande, redondo, amarillo en mi frente con una carita feliz.”good job” decía con letras rojas.
Rápidamente mi mente retrocedió hasta el momento que salí a la pollería, la chica de la caja, el tipo de la barra, la fémina de la combi y el cobrador. Ahora todo tenía coherencia. No me queda más que sonreír.
Miro a Lucía y ella me regala una sonrisa mil veces más bella que cualquier fémina.
- Papito, te fuiste con tu carita feliz a comprar”
- Si amor, porque no me avisaste”-
- Era tu premio-
Sonrío
- No te preocupes”- le digo.
Y corrimos a la mesa a devorarnos el pollo.
21 Mayo 2009, 22:47
Que gracioso!
21 Mayo 2009, 23:10
A los años apareces. Ya era tiempo que cuelgues algo nuevo... después de leer no sé si me da ganas de reirme o de pegarte... ja ja ja.
23 Mayo 2009, 08:30
ja ja ja ja eso te pasa por ir mirando a quien no se debe
23 Mayo 2009, 13:15
Que tierno relato......Te lo creí todo menos la parte en la k buscabas algo para preparar algo........jajajaja
04 Julio 2009, 14:07
sabes me parece buena tu historia y demas esta decir k es bastante tierna aver si t cuelgas otra...