He descubierto que a la gente le gusta sufrir y no sé porque. Es más me atrevería a decir que este rasgo masoquista se encuentra más marcado en las mujeres. Sino fuera así no serían fieles seguidoras de las novelas mexicanas y venezolanas que no son más que una bomba lacrimógena directo a los ojos, donde la protagonista se caracteriza por ser la más gansa de la historia y de haber nacido para sufrir.

 

Yo por mi parte soy un enemigo de toda aquella historia que me haga llorar, suficiente con la vida misma, por eso siempre que elijo alguna película para ver, es para relajarme. Yo no voy a ver dramas, tragedias o películas de acción donde los muertos vuelan por todos lados, las mutilaciones se desperdigan por toda la pantalla, poco falta para que salpique chorros de sangre a los espectadores. Más que relajarme saldría con los nervios de punta o con una depresión única, buscando que comer cualquier cosa que contenga potasio.

 

Por eso siempre que voy al cine o me pego con una buena película en el televisor son esas comedias romanticonas, simples donde no hay que hacer mayor esfuerzo que mirar, sonreír y en algunos casos reír a carcajadas.

 

No me gustan esas películas alternativas, existenciales, profundas y no sé con que otros nombres las llaman donde no entiendo nada o tendría que hacer esfuerzos mentales y abstraerme para poder entender una trama por demás enredada. Para que generarme ese problema más si ya es suficiente con los que tengo en mi vida. Y no me gusta tampoco la gente que se la pega de intelectual, con su barbita de 4 días y sus anteojitos y sale comentando que la película es muy buena cuando en realidad no se entendió nada.

 

Repito, me basta con todo el trabajo que tengo y con las mujeres que conozco que me acarrean un esfuerzo sobre humano de abstracción para poder entenderlas. A eso no le voy a sumar el irme al cine a tener que cavilar y meditar largamente tratando de entender una película.

 

Yo voy al cine a relajarme, soy un promiscuo total. Miro lo que sea sin interesarme en lo más mínimo quien la dirigió o quien actuó. Con tal que me entretenga y me haga reír, creo que la película ya cumplió con su objetivo.

 

Todo esto me lleva allá por el año 1998, cuando conocí a Kathy, Katita le decíamos. Katita era linda, hija de clase media, vivía en Jesús María, era la menor de 3 hermanas, lindísima ella. A pesar de sus 25 años tenía algunos comportamientos de niña que particularmente me gustaban. Su inocencia, su forma de actuar, su forma de sonreír, su rostro sin maquillaje y un montón de etcéteras.

 

Nos conocimos en un curso de computación que llevaba en un instituto limeño. Casi de inmediato hicimos “clic”. Y “by the way”, no sé porque con algunas chicas casi de inmediato de conocerlas conversamos y no paramos de hablar y siento como si la conociera de años y nos reímos de cada cosa con una confianza única. En cambio con otros a veces es difícil llegar a un grado de confianza mínimo. Definitivamente la química, las feromonas, las dopaminas juegan un papel importante.

 

Bueno, regresando al tema con Katita hicimos “clic” de arranque, “de arrancancón” como dicen mis amigos. Yo le explicaba algunas cosas de los cursitos de Word y Excel avanzado que llevábamos, porque era media “burruchaga” Katita para las computadoras; pero ahí iba aprendiendo poco a poco. Y, entre tablas dinámicas y macros quedamos en ir un día al cine.

 

Y yo, conociendo a Katita, pensé en ir a ver algo ligero, una peliculita de amor, de romance, alguna comedia de esas hollywoodenses, fáciles de digerir, donde al final la chica bonita se queda con el “loser”, de forma tal que eso exacerbe su corazón y le entre las ganas de fijarse en este pobre corazón que anda por ahí buscando.

 

Además siempre había escuchado que el cine era un lugar perfecto para dar ese puntillazo final con una fémina. Últimos asientos, canchita de por medio y un vaso enorme de gaseosa con dos cañitas. Todo preparado para que el destino solo se deje llevar y por esas casualidades de la vida coincidamos en aquel instante de sorber un poco de gaseosa y juntemos nuestras caras. La película sería perfecta, con su fondito de música romántica. Podría ser con un soundtrack de Air supply o de Celine Dion.

 

Así llegamos al cine, y como todo un caballero dejé que Katita escoja la película. “La vida es Bella” eligió y como yo sé tanto de cine como de estructura de átomos polielectrónicos, pensé “aquí la hago”. El título era sugestivo, “la vida es bella”, deletreaba el título varias veces en mi cabeza. El afiche también me decía algo. Un sujeto escuálido parecido a mi con una chica guapa y un niño. El triángulo perfecto del amor.

 

Previa canchita en versión gigante y una sola gaseosa extra grande con dos cañitas, entramos a la sala. Todo estaba de maravillas, sobre ruedas. Nos ubicamos en la penúltima fila, colocamos el vaso de gaseosa enorme al centro, nos miramos y sonreímos esperando que inicie la película. Lo demás vendría por añadidura. Ya estaba la canchita, la gaseosa, solo falta la película de amor para que Katita se anime y se predisponga para este torpe corazón que nunca me hace caso.

 

El hecho es que empezó la película y la trama estaba más lejos de lo que imaginé. Y yo, yo que soy un sentimental de primera y que a estas alturas del blog lo confieso, me atrapé con la historia al ver a este sujeto famélico llamado Guido hacer lo imposible por su hijo Josué y su esposa Dora.

 

Confieso que toda la bendita película me la pasé tratando de contener las lágrimas y me hacía el loco que tosía, que me picaba el ojo, que me fastidiaban los lentes y trataba de borrar el más mínimo de indicio de alguna lagrimilla que quiera escaparse. Y miraba a Katita de reojo y ella tranquilita comiendo su canchita y sorbiendo algunos tragos de gaseosa de vez en cuando.

 

Hasta que llegó el final de la película, se acabó la guerra carajo!!! Sale Josué de ese gabinete donde lo había escondido su padre Guido y yo que me desparramaba en el asiento, hacía puño con las nalgas tratando de contener cualquier lágrima  y Josué que se sube al tanque y a lo lejos divisa a su mamá Dora. Mamá, mamá!!! Grita el condenado y yo que me ponía de costado, engullía el pop corn tratyando simular. Y baja el escuincle corriendo del tanque y se abraza de su madre y todo el mundo se preguntaba Y Guido?. Y yo también, Donde está Guido!!!... Lo mataron carajo.

 Y que se acaba la película y de inmediato encienden las luces y Katita toda tranquilita que se levanta, me mira a la cara y me ampaya con los ojos rojos, hinchados, con una lágrima rodando por mis mejillas… Eso no se le hace a un poeta!!!.