Les había comentado de Wencel, cuyo nombre más parece de perro que de persona, era un amigo que había conocido a través de un aviso pegado en una tienda de música “Se busca bajista” decía. Desde esa fecha nos hicimos muy amigos. Era mucho menor que yo. Estudiante eterno. Había pasado de Ingeniería Electrónica a Economía y de Economía a Administración. Abandonó la universidad y empezó idiomas. Luego lo dejó y por último empezó computación en Cibertec, donde se mantiene hasta la fecha.

Tenía el pelo largo y amarrado atrás. Aunque en cada presentación del grupo se lo soltaba  y lo movía incesantemente al compás de la batería. Usaba también un pantalón jean azul pegado al cuerpo, ligeramente acampanado abajo. Yo siempre lo fastidiaba que era pantalón de “cabro” y él solo sonreía y me seguía la corriente con esa pasividad que lo caracterizaba. Ejecutaba la guitarra como ninguno. Tenía una mano veloz que se deslizaba por todo el diapasón de la guitarra con una precisión inigualable. Tal vez en ese talento radicaba su atractivo con el sexo opuesto. Siempre escuché decir que el mástil de la guitarra era un símbolo fálico y no cuesta creerlo, basta con ver la cara de quienes tocan este instrumento. Sus expresiones son fácilmente comparables a las expresiones del gozo sexual. Y más aún mientras mas rápido y agudo se hacen los “punteos” sus rostros parecieran que fueran a tener una eyaculación. Por el contrario, nunca he visto una mujer que al momento de ejecutar la guitarra pusiera todas esas expresiones de placer en la cara. Definitivamente es un símbolo fálico y eso fascinaba a las chicas. Verlo tocar la guitarra y mover incesantemente su mano de arriba abajo por el mástil y poner esas expresiones de placer en la cara. Es un maestro el nombre de perro Wencel.

Sentimentalón también, igual que yo. Pero insisto es un maestro. A pesar de su corta edad, había tenido la misma cantidad de mujeres que yo, pero elevado a la 10. No había “chibola” que se cruzara y no pasara por su manos. Como era un experto en la guitarra, reclutaba constantemente chicas para dizque formar un grupo de rock. Una a una iban pasando la prueba de “cantantes” y permanecían en el grupo hasta que Wencel literalmente les daba vuelta. Yo formaba parte de su grupo de rock, y como mencioné era mi amigo, sin embargo muchas veces me sentí utilizado para hacer las pruebas de sonido, audiciones y los interminables ensayos preparando a las jovencitas que pasaban por el grupo y que terminarían en las garras de Wencel.

Lo peor de todo es que a todas las llevaba al mismo hotel que quedaba apenas a 3 cuadras de su casa. Una a una iban desfilando por el mismo hotel barato, el mismo cuarto de 15 soles, sin televisor y con baño común. Los dueños del hotel ya lo conocían, pero sin embargo, por razones que desconozco nunca habían entablado amistad con él, a pesar de ser un cliente frecuente. Cada vez que aparecía con una chica nueva el dueño del local solo lo miraba y no decía nada. Ya no le pedía DNI tampoco. Lo dejaba pasar y lo miraba con esos ojos de “donde estará mi hija ahora” hasta verlo perderse por las escaleras.

Después de ir arrasando con las postulantes a cantantes del grupo o alguna otra amiga, Wencel se internacionalizó. Asiduo concurrente del “Messenger”. Cada vez que yo me conectaba lo encontraba ahí, infaltable, pareciera que todo el día estuviera pegado a la máquina. A cualquier hora del día, tarde, noche e incluso madrugada.

De esta manera conoció una chica Chilena, casada, con la cual entabló un “Romance Virtual”, hecho que a mi me pareció tonto y una pérdida de tiempo. Cosa de chibolos. Y digo “a mi me pareció” porque después de ver como Wencel se iba a Chile con todos los gastos pagados por esta fulanita, empecé a reconsiderar mi opinión.

Por si fuera poco al regresar y como prueba de su hazaña, vino con 2 GB de fotos en todos los lugares de Arica, y Antofagasta y por supuesto con la fulana en todas las poses que establece el kamasutra.

Aunque estas palabras suenen a una declaración “gay”, debo reconocer que Wencel tenía algo muy atrayente. Su rostro expresaba paz y tranquilidad. Nunca lo vi molesto; pero si lo vi en unas pocas veces deprimido. Y es que a todos nos toca alguna vez perder y él no sería la excepción.

Una vez llegó al grupo, por un aviso pegado en alguna tienda de música, una chica delgada, trigueña, graciosa. Se llamaba Nory, bueno, al menos así le decían. No tenía muchas cosas especiales como otras tantas que le conocí a “Nombre de Perro Wencel”, pero sin embargo y “sin querer queriendo” se convertiría en la Vengadora de todas aquellas que la precedieron y que fueron olvidadas una vez que desfilaron por ese mismo hotel.

Cuando llegó al grupo, tenía enamorado, al menos eso decía. Comenzó a frecuentar la casa de Wencel para hacer los ensayos de voz y para aprender las canciones. Esa constancia les hizo crear cierta dependencia, cierta costumbre entre ambos. Pero a diferencia de las otras, Nory, a pesar de sentirse atraído por Wencel, jugaba lentamente con él, a ese juego macabro que aplican muchas mujeres “Te doy y te quito”. Le daba entrada a Wencel, le coqueteaba, jugaba con él. Cuando Wencel pensaba que la tenía ella lo rechazaba. Una vez se besaron. Wencel pensó que esta vez ya la tenía pero ella otra vez se alejó. Poco a poco Wencel fue cayendo en el juego y lo vi derrumbarse emocionalmente. Y creyó enamorarse. Me lo confesó, una tarde, en  un estado depresivo, como nunca lo había visto. Me dijo que esta vez si estaba enamorado y estaba dispuesto a dejar todo por ella. A iniciar una relación seria y duradera. Pero Nory, que le llevaba 3 años seguía dándole sus cariños de a poquito, a cuenta gotas, con el pretexto que tenía enamorado y que primero tenía que terminar con él.

En esos 6 meses que estuvo Nory en el grupo, lo vi a Wencel ir de un estado emocional a otro, lo vi llamar constantemente casi suplicando, tirándose al piso, arrastrándose por verla, para que vaya a un ensayo, faltando a clases solo para acompañarla. Muchas veces lo vi pasar de la alegría eufórica a la depresión más profunda después de recibir una llamada telefónica. Bastaba un “Me voy de viaje con mis amigos, por trabajo” o el “Hoy no podré ensayar, estamos acá celebrando con los chicos del trabajo” para tumbarlo y patearlo en el corazón.

Creo que cuando tocó el fondo, cuando empezó ir a su trabajo y esperarla a su salida, sin que ella la viera, tan sólo para saber si seguía con su enamorado, si se iba con sus amigos. Cuando se dio cuenta que su vida se había vuelto un satélite de la de ella, reflexionó y decidió salir de ese remolino en que se había convertido su vida, y con mi venia, sacamos a Nory del grupo.

Recuerdo que fue en año nuevo. Después de esa fecha, en el mes de marzo aproximadamente, conseguimos una nueva vocalista para el grupo, se llamaba Melina, como la canción de Camilo Sesto. Retomamos los ensayos. Demás está decir que Wencel regresó a su antigua vida y la hizo pasar por el mismo hotel que llevaba a todas.