
Quién dijo que las casualidades no existen?. Después de haber terminado y habiendo pasado un buen tiempo sin verte, sin llamarte y viceversa, te vengo a encontrar en una ciudad alejada, en Cañete. Jamás en mi vida hubiera imaginado encontrarte allí y por si fuera poco, en un día de semana laborable. Yo, había ido a hacer una supervisión a una de nuestras oficinas que se encuentra en esa ciudad y tú habías ido llevando unos uniformes que tu madre había hecho para una dependencia de educación de esa ciudad. Y ahora me pregunto porque justo ese día, pudiste haber pedido permiso a tu trabajo cualquier otro día y haber llevado esos uniformes. Pudo haber sido a otra hora o en otro lugar diferente, alejado; pero pareciera, como dicen los cronistas, que el maldito destino nos quiso poner otra vez en la misma vereda. Ahora, quien me dice que las casualidades no existen?. Este mundo es pequeño, no es ancho y ni siquiera ajeno.
Nos cruzamos, sonreímos y nos saludamos como dos viejos amigos que no se veían de hace mucho tiempo. Estoy seguro que si nos hubiéramos cruzado en algún lugar de Lima donde era predecible encontrarnos, ni siquiera nos hubiéramos saludado aunque sea con una levantadita de ceja. Seguramente hubieras evitado mi mirada y yo la tuya. Pero ahora fue diferente, el lugar, la lejanía, la soledad, la idea de saber que estás sólo en una ciudad donde no conoces a nadie y no te dan ganas de moverte más allá de los lugares que tienes que ir.
Y nuestro encuentro, nuestro saludo, fue un buen pretexto para olvidar todas las promesas que me hice a mi mismo de no verte nunca más, de no llamarte, no hablarte, de evitarte y de odiarte por haberte marchado. Se me olvidó todo tan repentinamente al verte otra vez allí sonriente, como si nada hubiera pasado, con tus ojos color caramelo monterrico y tu sonrisa de niña pícara.
Y otra vez, empezar de nuevo, almorzamos juntos, yo tenía que regresar todavía a la oficina a terminar un trabajo y tú podías haberte regresado a Lima pero dijiste que me esperarías para volver juntos. Así que rápidamente hice la última revisión de algunos documentos y salí a buscarte. Tú me esperabas en una cabina de Internet y hablabas con no se quien. Se supone que no tenía que importarme, 8 meses son suficientes para curar cualquier herida, cualquier rencor, mi corazón partío ya tenía sus tiritas bien puestas.
Otra vez, atrapados por la locura, nos fuimos a Lunahuaná. Era muy tarde ya, pero me dijiste que querías conocer, así que nos fuimos con la intención de lanzarnos por el río en alguna balsa, canoa o como se llame y que pase lo que tiene que pasar. Si había que morir arrastrados por la corriente, estaba dispuesto a hacerlo a tu lado. Llegamos y ya era muy tarde para cualquier deporte de aventura, así que no nos quedó otra opción que visitar las vitivinícolas. Siempre te gustó el vino. Nos dieron de probar, de catar de no se cuantos toneles, los suficientes como para terminar con la cabeza afectada, con la vista nublada, como para hacer de la realidad un sueño que podía construir a mi antojo. Compramos dos botellitas que hacían mucho menos de todo lo que nos tomamos y terminamos envueltos y enredados en la cama de un hotel.
Cuando desperté ya era tarde. Te despertaste asustada y llamaste a tu madre para darle explicaciones y salimos disparados rumbo a San Vicente de Cañete. Que importaba la tardanza, total! ya nadie nos quitará lo vivido. Así que, después de vivir lo nuestro (y que nadie nos obstruya el pensamiento), regresamos en un soyuz, tan enamorados (y que la noche nos dure un poco más). Quería que el viaje se alargue, que transcurra lento. Quería detener el tiempo para soñar a tu lado que lo nuestro era eterno carajo como dice la canción.
Y así nuevamente empezamos a salir. Pero esta vez no éramos nada solo salíamos, nos encontrábamos, conversábamos, nos reíamos y comíamos algo por ahí. Cuando te acompañaba a tu paradero siempre había una ocasión para arrancarte un beso, un chapecito, un chapetex. No éramos nada, repito, pero las cenizas quedaron después de ese maldito fuego que se apagó hace 8 meses.
Hoy habíamos quedado en encontrarnos, como siempre una vez más. Había pasado apenas un par de días de tu cumpleaños, al cual no pude ir, porque a tu madre, obviamente no le caía en absoluto. Así que encontrarnos como siempre, furtivamente era lo mejor. Había salido temprano del trabajo, pedí permiso y me fui a la tienda de CLARO a comprarte un celular, porque el tuyo lo habías perdido hace poquito. Algún ladronzuelo de mala calaña te lo había arrebatado justo cuando respondías mi llamada. Por eso de alguna manera tenía una parte de la culpa o quería tenerla so pretexto de regalarte esta vez el celular que querías. Llegué a la tienda y pedí, ese motorola con tapita y con radio para que escuches durante ese largo trayecto de tu casa al trabajo. Para que escuches tu radio corazón cuando pienses en mi o tu radio la Q, nuestra cumbia, cuando quieras lamentarte al son del Grupo 5 o de los hermanos Yaipén.
Lo compré y salí de la tienda, apenas me quedaba 10 minutos para llegar a tu trabajo y darte la sorpresa. Siempre me dijiste que no me molestara pero a mi me gustaba colmarte de regalos, me sentía mejor. Cuando abordé el taxi, sonó mi celular, y eras tú desde un teléfono público. Faltaba 10 minutos para tu salida y no sé como hiciste para escaparte esos segundos y llamarme desde un público. Y hablaste rapidísimo porque los 50 céntimos sólo alcanza para unos cuantos segundos. No tenías tiempo para hacer un alargue, para hacer ese preámbulo que tenemos por costumbre los peruanos para no hacer tan fuerte el golpe o para “ordenar palabras para no hacerme tanto daño, tanto daño”. Esta vez, de frente me disparaste al corazón, a quemarropa y me dijiste que hoy no me verías, que lo nuestro no podía ser, que tú salías con alguien más, que había sido bonito nuestro reencuentro pero que jamás debimos volver a frecuentarnos y por último que lo mejor no era vernos más. Y yo… y yo sigo temblando, pero no llorando porque un maldito taxista me estaba mirando, y lo último que dijiste fue… “voy a colgar”. Ok, te dije, creo que ya habías colgado incluso, no te preocupes. Paré el taxi de inmediato y me bajé quien sabe donde y le pagué la mitad de lo acordado. Me quedé pensando, pues como siempre tú niña bonita una vez más te marchaste y me dejaste, esta vez con un celular que no quiero.
Si de algo estoy seguro, es que volverás en una segunda oportunidad, pero esta vez, te diré lo que dicen los hermanos Yaipén “A llorar a otra parte”.
Pd.- Vendo celular CLARO, nuevo, pre pago, con cámara, radio y MP3. Por favor dejar sus datos en los comentarios.
Querías más? Claro que tienes más!
06 Junio 2008, 14:07
mmmmmmmm y esta de donde salió? no será la misma de las anteriores?.
Buen relato, parece que el clima nos está ponienod melancólicos
06 Junio 2008, 14:16
Eduardiux te doy 30 soles por tu celular jijiji. Tómalo o déjalo.
07 Junio 2008, 10:19
Bonito relato. Terminaste mal, pero espero, como dices, que la proxima que vuelva ya no la recibas... aunque pareciera que si regresa tetiras otra vez a sus brazos
09 Junio 2008, 01:02
Ni idea de q es
09 Junio 2008, 12:57
se supone que esto es parte de la saga de marcelita no?
09 Junio 2008, 13:14
Otra vez perdedor???.........ya psss
09 Junio 2008, 15:01
Habla copare, ya pe! a cuanto? Q modelo es?
Hmm. Tú debes cantar la canción "Claro que sé perder, claro que sé perder..." de Franco de Vita
12 Junio 2008, 00:17
chvr el relato ,,, un final como el q se kiere con una promesa de no volver a kaer en el mismo jueguito, aunq a veces el corazon del personaje q vive todo esto es tan debil pero el blog aguanta todo jejee XD
y en cuanto al celu, de haber publikado un pokito antes , facil te lo kompraba,,, ´pq me compre hace unos dias me kompre uno con las mismas karacteristikas,,, ay si los celulares hablaran , nos saldria una cuentaza jeje
12 Junio 2008, 00:17
chvr el relato ,,, un final como el q se kiere con una promesa de no volver a kaer en el mismo jueguito, aunq a veces el corazon del personaje q vive todo esto es tan debil pero el blog aguanta todo jejee XD
y en cuanto al celu, de haber publikado un pokito antes , facil te lo kompraba,,, ´pq me compre hace unos dias me kompre uno con las mismas karacteristikas,,, ay si los celulares hablaran , nos saldria una cuentaza jeje
08 Julio 2008, 15:50
Lastima el final, hay personas que regresan luego arrepentidas pro aunque nos duela hay que decirles, como bien dices, "A llorar a otra parte"; Y seguir para adelante .
Buen Post! (y)