Hola Marcelita, espero que te encuentres muy bien desde ese fatídico día de junio de 1995 que aún tengo grabado en mi corazón. Ese día cuando me dijiste que te habías cansado de llevar una vida a mi lado, que no tenía ningún sentido y que jamás tendría un final de cuento de hadas.
Sé que lees este blog, por eso te escribo ahora. Prometo que este es el último post en el que te menciono. Es lo último que escribo sobre ti. Discúlpame si violé algunas confidencias o si recién digo las cosas que sentí y no las mencioné en su momento. Necesitaba escribirlas para superar esa etapa de mi vida. Muchas veces necesito reírme de mis penas y depresiones, es una forma, tal vez absurda, poco ortodoxa, artesanal, de superarlas. Habría que preguntar a algún especialista si tiene algún asidero científico, pero créeme que después de contarlas, de reírme de mi mismo (y de que algunos se rían de mi), me siento mejor, como liberado, como si le quitaran una alforja a este burro cargado de penas.
Te escribo ahora porque tú lo sabes. Porque tu mejor amiga, que nunca fue mi amiga, empezó a llamarme en estos días para volver a salir. Si ella nunca me llamó en los dos años y medio que estuvimos juntos por qué ahora tendría que hacerlo. Sé también que trabajan juntas en una conocida empresa de telecomunicaciones como teleoperadoras, atendiendo a los clientes. Y es que tú siempre fuiste buena en eso. Sabías tratar muy bien a las personas. Tenías o tienes esa magia para hacer que la gente que viene molesta con ganas de tirar algún producto por la cabeza del vendedor cambie totalmente de opinión y se vaya feliz a su casa y encima, con otros productos más a cuestas. Es que bastaba con solo mirar a tus ojos color “Caramelo Monterrico” para apaciguarse, para sentir esa tranquilidad como paz después de la tormenta. Bastaba tu sonrisa y tu coquetería para que cualquier viejo cascarrabias te crea a rajatabla que lo que había comprado era lo mejor del mundo.
Sabes Marcelita que yo te recuerdo con mucho cariño. Como a nadie. Pero también sabes, como siempre lo hablamos, que yo, al menos yo, no puedo ser amigo de las mujeres que he amado. Alguna vez he tratado pero no he podido. Te prometo buscar ayuda con algún especialista para que me dé una explicación y cuando lo supere, solo si alguna vez lo hago, prometo llamarte para tomar un café en el Laritza, como amigos, y al final despedirnos como quien se despide de un familiar, sin ninguna sensación adicional más que la despedida de un buen amigo. En cambio tú, a pesar de tener mi mismo signo zodiacal, eras totalmente diferente y a mi me sorprendía como podías responder, hablar y llevarte tan bien con aquellos hombres que marcaron tu vida. Sabías que yo moría de celos cuando recibías llamadas de aquel tipo, que ya no vive en el país, sólo para contarte lo que estaba haciendo por Estados Unidos o cuando tenías que verte con el padre de tus hijos para coordinar algunas cuentas del colegio o de la alimentación que te tenía pendiente.
Es que tú y yo, como te repito, a pesar de estar marcados por el mismo signo zodiacal, somos tan diferentes. A ti te gustaba bailar más que un trompo. A mi no. Nunca te gustó el estudio. A mi si. Tú eras tan alegre, tan coqueta, te tomabas las cosas a la ligera y superabas cualquier desavenencia con una facilidad única. Yo por mi parte me pensaba las cosas mil veces y me costaba (o me cuesta) mucho superar las tristezas. Tú veías las cosas tan superficialmente, mientras que a mi me gustaba analizarlas, buscar su origen y darles una explicación.
Nunca te vi celosa, al menos nunca lo noté, en cambio yo moría de celos cuando te veía sonreír a cualquier extraño, aunque tú me dijeras que no lo hacías.
Es que tú siempre llevabas una sonrisa en los labios. La coquetería se desbordaba por cada poro de tu cuerpo y creo que en el fondo, aunque siempre lo negaste, te gustaba verme sufrir, rabiar y morir de celos.
Ahora que ya aceptamos que somos tan diferentes, pienso que nunca debimos tomar en serio esa relación. Tu vivías el momento. Te gustaba ser feliz cada día. No querías sacrificar uno solo para tener más mañana. Al menos es la sensación que me dejaste. En cambio yo me hacía un mundo de problemas imaginando nuestras vidas juntas y si podría sobrevivir a tu forma de ser y no naufragar en el intento. No sé si hubiera podido soportar verte conversar tan alegremente con tus ex enamorados o con tu ex esposo. Tuve miedo apostar todas mis fichas a tu número. De jugarme todas mis acciones por algo que no tenía siquiera un “estudio de mercado” un “análisis de sensibilidad”, un “VAN”, un “TIR”, un “costo beneficio”. Por eso no quise dejar a mi enamorada tan correcta y pensante como yo. Tan plomiza y predecible. Tan estudiosa, que sabía lo que quería y tenía trazado su plan de vida. No quise arriesgar y no tuve el valor de dejarla para jugarme, como dicen los periodistas deportivos, el todo por el todo, contigo.
Ella tampoco se merecía esto. Ni tú ni ella. Al final lo que empezó como un gusto terminó complicándose y terminé haciendo daño a todos los que quería y amaba.
Tengo que confesarte también que estuviste a punto de hacerme dejar todo. A mi enamorada, mi trabajo y mi familia para emprender ese viaje que soñamos alguna vez fuera del país y empezar de cero en algún lugar extraño. Estuviste a punto, solo era cuestión de tiempo, tal vez de uno o dos meses. Pero tú no quisiste darme un día más, tal vez porque ya te habías cansado de llevar esa vida de sobresaltos. O tal vez porque simplemente habías encontrado a alguien que realmente te aceptara como eres y estabas cumpliendo lo que siempre te pedí “por favor nunca me engañes, si algún día conoces a alguien que te guste y quieras estar con él, no me engañes, termina conmigo primero y luego te vas”. Porque así el dolor duele menos, y si no duele menos, duele diferente. Tú sabes que siempre abrigué ese deseo que encuentres a alguien que realmente fuera feliz contigo, que realmente te convenga y te acepte como eres. Y no porque no te ame, sino por todo lo contrario. Estaba dispuesto a pagar ese precio por tu felicidad.
Por eso ahora, Marcelita, ahora que me vuelves a llamar a través de tu amiga, ahora después de recibir un mensaje de texto en el que me saludas y me dices si podemos salir como amigos, no tengo más remedio que negarme con el silencio, porque como dice Saramago, las palabras solo valen lo que vale el silencio del acto y porque sólo el silencio puede decir lo que no se puede decir con palabras. Por eso no quiero responder siquiera un “no” que pudiera desatar una serie interminable de envíos y entradas de mensajes de textos, como antaño, que nos enviábamos un mensaje tras otro y hasta nos peleábamos a punta de mensajes de texto, sin siquiera pronunciar una sola palabra. Ya no quiero eso, no quiero soltar una chispa que pudiera desatar una nueva explosión en mi corazón.
Además para qué me quisieras ver. No creas que ha sido fácil para mi guardar este silencio. Muchas veces he tenido tu número digitado en mi celular, listo para apretar el “send” y llamarte y hablar contigo. O me he contenido las ganas de echar una monedita de un sol a cualquier teléfono público y llamarte y guardar silencio absoluto, solo para escuchar tu voz y para imaginar enfermizamente en que lugar estás y que estás haciendo, sí, así como lo hacía hace años cada vez que peleábamos.
Y si nos encontramos para conversar como amigos, como dices, y me cuentas que tienes una persona que sale contigo, un nuevo hombre al que amas, o en el peor de los casos que volviste con tu esposo, no sé como me sentiría. Suena estúpido, pero créeme que realmente no sé siquiera como lo tomaría.
Por eso hoy escribí este post, porque sé que me lees y debo confesar que muchas veces he esperado con alguna esperanza loca encontrar algún comentario tuyo, pero sé que no ha sido así, porque te conozco y sé hasta la forma como escribes.
Discúlpame una vez más por todo lo que digo acá y por no tener el valor de sentarme frente a ti, mirarte a los ojos y decirte de frente todo lo que alguna vez callé y si alguna vez no lo dije, ni lo mencioné siquiera, te pido perdón por todo el daño causado y por todo el tiempo perdido a mi lado.
Una cosa más, no lo tomes a mal, pero no me llames más... por favor.

19 Diciembre 2007, 13:11
Ya perdiste copare. Ahora regresó conmigo. Y a ver si un día de estos dejas otra torta de chocolate o selva negra. jejejeje
19 Diciembre 2007, 14:43
"..como si le quitaran un alforja a este burro cargado de penas." Asu... lo dicho. Si hay que saber perder, tu ya eres doctor en la materia.
Otrosi: Si fueras burro, la flaca no hubiera preferido al esmirriado Alejandro. a pensar.
19 Diciembre 2007, 15:03
Edu, está muy bien tu escrito. Aunque sabes, si te llamó es por algo. No hay mejor forma de saber conversando con ella. Si estás seguro de tí mismo de que ya no quieres nada con ella puedes conversar normal un rato y terminar todo en paz. ¿Cuál es el temor?. Eso indica como si todavía sintieras algo por ella. ¿Cual sería el peor escenario que ocurriese? Yo creo que nada.
20 Diciembre 2007, 00:29
A ver, a ver........... yo te diria que estas en lo correcto, necesitas ayuda pra superar esos temores.
Tigre, yo creo que deberias ver a Marcelita.
Suerte
20 Diciembre 2007, 18:50
A ver, a ver. Me doy cuenta pones mucha imaginación en tus relatos, tal como tus anteriores historias, por cierto todas buenas. Como por ahí comentaron, por esas fechas era muy dificil que alguien tuviera celular y menos aun los famosos mensajes de texto. Bueno, supongo que es parte de tu catarsis indirecta. Pero amigo, normal esas cosas ya no son para personas adultas de tratar de ocultarse. Si la ves, normal, pero solo como patas y verás que todo tuvo su momento.
20 Diciembre 2007, 20:57
Una vez mas te aplaudo de pie, tambien tuve una "marcela", nos pasa a todos, sigues escribiendo muy bien, cada dia mejor me atreveria a decir, espero me hayas leido el ultimo post q publique, q x cierto tiene segunda parte, de nuevo felicitaciones.
03 Enero 2008, 21:56
buaaa!!!!, me hiciste llorar con tu relato, creo que deberias inclinarte al genero novela!!!!
13 Enero 2008, 18:55
Sabes? todos hemos pasado alguna vez por lo mismo, el secreto esta en no dejarse vencer por las adversidades de la vida, uno tiene que ser fuerte y ver todo con otros ojos y como siempre dije "la vida es dura..... pero la cerveza es barata y las mujeres son faciles".... por eso mientras mas conosco a las mujeres...mas quiero a mi perro.....
19 Enero 2008, 08:29
Somos parecidos no soporto ver a una ex o alguien q me gusto asi como amigos....es un tanto dificil y se me hace tambien la vida imposible...solo te digo q sigas adelante con tu decision y no des paso a torcer...y por cierto tus relatos estan coool!!
02 Agosto 2008, 00:04
bueno asi es la vida juajuajuaju ella le gusta el sexo coo a todos pero lo malo que a nadie nos gusta cuando se terminaaaaaaaaaa pero ni modo a buscar mas
27 Julio 2009, 11:03
hum k relato tan padre ha compañero no s epero casualmente me encuentro en tu misma situacion